Qué ver en Galicia

Galicia es una Comunidad Autónoma que muchas veces queda sin descubrir, por estar un poco a desmano y por su mala fama con respecto a la meteorología. No obstante, quizá precisamente por eso sus tesoros sean siempre más sorprendentes: toda esa lluvia provoca paisajes verdes impresionantes, la costa pasa de ser dócil y llena de playas kilométricas en las Rías Baixas, y salvajes y con acantilados en las Rías Altas, las ciudades son de piedra y están llenas de historia, sin hablar de la gastronomía. ¿Vas a visitar la región? En unComo.com te contamos qué ver en Galicia

Santiago de Compostela

Si vas a estar poco tiempo y solo puedes ver una ciudad, que esa sea Santiago. Además de la impresionante Catedral y la Praza do Obradoiro, la capital gallega regala un montón de callejuelas de piedra en la zona vieja por las que perderse, iglesias impresionantes a cada paso y un ambiente especial en el que se mezclan estudiantes, peregrinos, turistas y santiagueses de toda la vida. Tras callejear, puedes hacer un descanso en el Parque de Bonaval, con vistas sobre la Catedral, visitar el Centro Galego de Arte Contemporánea (CGAC) y salir a cenar de vinos por la Rúa da Raíña (evita la turística Rúa do Franco, con precios inflados). No dudes en encontrar aquí los mejores Hoteles de Santiago de Compostela.

 A Coruña

Pocas ciudades tienen una playa tan bien encajada e integrada como A Coruña con la Playa de Riazor. Tras pasear o incluso bañarse quien se atreva (las temperaturas atlánticas son reconfortantes, pero no fáciles), hay que ir paseando hasta la Torre de Hércules, el único faro romano y más antiguo en funcionamiento y subir a ver las vistas.

En la ciudad, visitar la Plaza de María Pita, ir por la zona vieja visitando sus murallas e iglesias, y no olvidarse de parar a tomar unas tapas por el camino. Los museos Domus (La Casa del Hombre), el Museo de las Ciencias y el Aquarium Finisterrae valen también mucho la pena.

 Vigo

La ciudad más industrial de Galicia arrastra consigo una fama de ciudad fea (extendida en parte por sus propios habitantes) que desde hace unos años es cada vez menos cierta. Tras pasear por el puerto, por el renovado Casco Vello, y subir al Castro (una colina en medio de la ciudad con unas vistas impresionantes sobre las Islas Cíes), Vigo se gana a los visitantes gracias a los contrastes de zonas industriales con arquitectura modernista (es una de las ciudades españolas con más edificios de esta corriente) del centro urbano. La noche viguesa acaba por convencer, con el vibrante underground de la zona de Churruca (uno de los centros de la Movida de los 80).

Ourense

La ciudad de Ourense es más bien pequeña, pero no por ello debe dejar de visitarse. Es imprescindible ver la Catedral de San Martín, el Palacio Episcopal y el Obispado, edificios que nada tienen que envidiar a los más impresionantes de Santiago de Compostela. La ciudad ha sido construida a ambas orillas del río Miño, por lo que está llena de puentes, entre los que destaca el Ponte do Milenio, por su arquitectura vanguardista.

Una visita a Ourense no está completa sin ir a algunas de sus termas y darse un baño en aguas que manan calientes de la tierra con minerales que te dejarán la piel extra suave. Y para acabar el día, nada mejor que ir de tapas por la zona vieja.

Lugo

Lugo parece inaccesible, por lo lejos que está de todo y las no muy buenas comunicaciones que la unen al resto del mundo, pero vale la pena. Es la ciudad más antigua de Galicia (data del año 25 a.de C.) y su muralla es la única muralla romana del mundo que conserva su perímetro (es, claro, Patrimonio de la Humanidad). Dentro de las murallas se esconde un casco histórico hermoso y bien conservado, con la Catedral de Santa María del siglo XII como uno de sus grandes atractivos.

A principios de octubre tienen lugar las fiestas de San Froilán y la ciudad se llena de gente de todas partes atraída por la gran programación de conciertos y otros eventos que suele haber.

 

Pontevedra

La capital de la provincia de Pontevedra es mucho más pequeña que Vigo, pero esto por supuesto no fue siempre así. Construida también entorno a un río, el paseo fluvial se ha convertido en los últimos años en un imprescindible de la ciudad, así como su zona vieja, con la Iglesia de la Peregrina como uno de los puntos más visitados (por su planta en forma de concha de vieira). La Iglesia de Santa María, el Santuario de las Apariciones y la Plaza de la Leña son también visitas básicas.

Islas Cíes

Hace unos años el diario británico The Guardian situó a la Praia de Rodas, de las Islas Cíes, en el primer puesto de su ranking de mejores playas del mundo. Ya solo por eso vale la pena coger el barco desde Vigo hasta las Cíes, pero hay muchísimo más: unas islas que son Parque Natural, con varias rutas de senderismo y faros que visitar, con playas grandes como la de Rodas y mil calitas escondidas, todas de arena fina y agua cristalina (y muy fría, eso sí). Uno de los lugares más bellos de Galicia.

 

Fisterra

Los romanos llegaron a este cabo, el más al oeste de España, y creyeron que habían alcanzado el fin del mundo, de ahí su nombre. La villa en sí no es nada especial, pero hacer el paseo hasta el cabo vale la pena, llegando al faro situado en lo más alto y paseando por las rocas perdiéndose en la inmensidad del océano que se abre ante ti. Es el punto final del Camino de Santiago: muchos peregrinos continúan hasta Fisterra tras llegar a Santiago y, al alcanzar el faro, queman sus ropas como símbolo de purificación.

 

Playa de las Catedrales

En la costa norte de Lugo, muy cerca de la frontera con Asturias, está la impresionante playa de las Catedrales. Siglos de contacto del mar con los acantilados han ido esculpiéndolos de distintas formas: grandes arcos, grutas, pasillos de arena entre rocas. Aunque con marea alta también es espectacular, lo mejor es consultar las mareas y visitar la playa cuando esté baja, de forma que puedas pasear por la arena, cruzar arcos y explorar grutas.

 

Ribeira Sacra

¿Te has quedado boquiabierto viendo los paisajes de películas como El Señor de los Anillos? Si no puedes viajar hasta Nueva Zelanda, la Ribeira Sacra gallega, la ribera del río Sil y el Miño, te servirá para abrir boca. Los Cañones del Sil, por ejemplo, cuyo origen no es fluvial sino tectónico, son espectaculares, con el río en el centro fluyendo encañonado y rodeado de grandes precipicios verdes y de rocas. El vino de la zona es también muy reconocido.

 

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