Con estudios, sin trabajo y sin saber qué hacer, ¿y ahora qué?

Hasta ahora, todo ha sido más sencillo. La vida no se dividía en años, sino en cursos. Nueve meses eran de clases, tres de vacaciones y vuelta a empezar. No era necesario ni plantearse el futuro ni reflexionar sobre el presente, porque, incauto de ti, pensabas que ibas por el buen camino. Estudiar te serviría para labrarte un futuro provechoso y acceder de inmediato a un trabajo en el que te sentirías valorado y realizado. Sí, claro.

Para eso de labrarte un futuro, calma, todavía queda mucho camino por recorrer. Para lo segundo, sin embargo, es posible que te hayas dado un buen baño de fría y dura realidad. El acceso al mundo laboral no es tarea fácil. Léete esta frase muy deprisa. Más del 25% de los jóvenes de entre 25 y 29 años están parados, porcentaje que aumenta hasta el 43% en el caso de los que tiene entre 20 y 24 años, según los últimos datos de la Encuesta de Población Activa.

La situación tampoco es para tirar cohetes entre los universitarios que tienen curro y menos de 30 años. Cerca del 17% son becarios y más del doble, un 37,7%, se encuentra en la situación de incertidumbre propia del contrato temporal. Estos son los datos, pero detrás está la realidad de miles de jóvenes que, cada uno con sus circunstancias, se encuentran ante la tesitura de qué hacer con su futuro para dejar de sentir que están chupando la sangre a su familia.

La pregunta más temida: ¿y ahora qué?

Precariedad laboral contra el estudiante perpetuo: “¿Qué hago con mi vida, sigo estudiando o me pongo a buscar trabajo?” Decidas lo que decidas siempre va a estar revoloteando por ahí la duda de qué hubiera pasado. Es entendible que no quieras currar a cualquier precio, pero también que no quieras convertirte en ese estudiante pureta que hay en todas las clases.

¿Qué de usos tiene este gif, verdad?

La psicopedagoga y coach de Essential, María García, nos indica que, al menos, debemos tener un par de cositas claras: “Lo más importante al ir finalizando una formación es tener muy claras cuáles son las salidas laborales y la verdadera vocación de uno”. Vamos, que al terminar Filosofía, sería positivo no esperar que te contraten en un puesto de responsabilidad de una empresa aeronáutica. Para ello, la psicopedagoga señala una serie de puntos a tener en cuenta:

  • Las salidas profesionales de la formación que estamos cursando y si la oferta laboral variará si incorporamos una formación complementaria.
  • Preguntarse por qué queremos formarnos y para qué. Nuestra disponibilidad temporal influye en estas decisiones, aunque también puede dejarse determinada formación para un futuro, cuando tengamos mayor experiencia y madurez.
  • Ver si es posible formarse y trabajar. De ser así, García considera que esta es la opción ideal, al poder aprender y aplicar estos nuevos conocimientos a la realidad.

¿Cómo actuar ante la frustración?

Tener claro hacia dónde vamos es indispensable para ir definiendo nuestro camino. García nos vuelve a indicar que cuestionarse el para qué es una pregunta indispensable. Aunque claro, luego la realidad nos hace bajar los pies a la tierra. El mundo profesional es una jungla donde dejamos de estar tan protegidos como lo estábamos durante nuestra época de estudiantes . Lo más habitual es que nuestros primeros trabajos se parezcan en poco o en nada a aquello que teníamos en nuestra mente.

Ante esta situación, la frustración es una reacción muy común. Sin embargo, ser negativos no es la mejor postura: “Lo más grave es que en ese momento somos nosotros quienes cerramos todas nuestras posibilidades y reducimos cualquier alternativa viable. En un clima de negatividad nuestra mente deja de fabricar nuevas ideas”, nos señala García.

No debe resultar extraño ver que alguna situación nos puede sobrepasar o que no sepamos cómo actuar ante una nueva circunstancia. Somos jóvenes y lo mismo no lo sabemos todo. García considera que todo error debe servirnos para aprender y, después, debemos ser resolutivos y aportar soluciones. En definitiva, tener una actitud de aprendiz y absorber lo que ocurre a nuestro alrededor.

Enfadarnos y quejarnos de lo que ocurre a nuestro alrededor, únicamente, no va a servir para que nuestra situación profesional mejore.”Es importante que perseveremos y exploremos las diferentes opciones”, enfatiza la psicopedagoga. Esto no significa, sin embargo, que debamos ser inmovilistas y únicamente miremos a nuestro alrededor: “Llegados a la desesperación, seamos prácticos. Mi recomendación es buscar un trabajo en el que podamos ligar sus beneficios con respecto nuestra  vocación”.

En definitiva, García opina que si alguien ha elegido estudiar magisterio es porque, posiblemente, le guste estar con niños y en este campo existen más alternativas a trabajar en un colegio. Un periodista podrá buscar algún trabajo donde explotar sus capacidades comunicativas y un informático en un ámbito en el que pueda aplicar dichos sistemas. Quién sabe, quizá estas experiencias puedan abrir la puerta correcta  de un futuros empleo que nos resulte más motivador.

F/Eslang.es

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